Desde
que se iniciara el Éxodo Rural con la crisis económica y
alimentaria de la posguerra y desde la consolidación de este
fenómeno migratorio masivo con el desarrollo económico e industrial
a partir de los años 60 hasta nuestros días, el medio rural no ha
cesado de perder población. Y hoy día este inexorable proceso y el
olvido institucional y político está conduciendo, a la denominada
“España Vaciada” despojada de su población y recursos, al borde
del abismo. Según el Mapa 174, un estudio del SSPA (Red de Áreas
Escasamente Pobladas del Sur de Europa, por sus siglas en inglés),
publicado en octubre de 2020, la desaparición de un 44% de los
pueblos españoles está muy cerca ya que su futuro depende
únicamente de la esperanza de vida de sus últimos habitantes.
Peñaranda
de Duero no es ajena a esta sangría demográfica. Su población ha
pasado de 1773 habitantes en 1940 a 516 habitantes en 2020. Y en los
albores de la década 2020, la principal actividad del municipio
sigue siendo la agricultura intensiva. En estas últimas décadas no
hemos logrado desarrollar un tejido industrial, como algunos pueblos
del entorno, que hubiera posibilitado que los jóvenes de nuestra
localidad permanecieran en ella con mejores perspectivas de futuro.
Frente
a esta decadencia demográfica de Peñaranda que ya está redundando
en una decadencia económica con la pérdida de servicios y recursos,
el gran reto para el futuro de este municipio tiene que ser el
desarrollo de un turismo patrimonial de calidad. Tenemos la suerte
de pertenecer al club selecto de los 27 pueblos de la provincia de
Burgos con el nombramiento de conjunto histórico. Y el privilegio a
su vez de formar parte de los 8 únicos pueblos con dicho
nombramiento en la comarca de la Ribera del Duero. Este nivel de
reconocimiento viene por el hecho de que somos uno de los pueblos de
la provincia que atesora más bienes de interés cultural (BIC). En
nuestra villa, 5 bienes patrimoniales ostentan esa condición.
La
primera toma de consciencia del valor del patrimonio histórico
artístico de Peñaranda de Duero surgió el 11 de agosto de 1923,
durante el último gobierno constitucional del reinado de Alfonso
XIII presidido por el liberal Manuel García Prieto que declaró por
primera vez monumento nacional a uno de los principales elementos
patrimoniales del municipio: el palacio de los Condes de Miranda.
Pese a ese nombramiento, el tratante de arte y mayor expoliador del
arte español conocido hasta hoy día: el estadounidense Arthur Byne,
intentó en 1925 comprar esta joya del patrimonio arquitectónico
peñarandino para desmantelarla y trasladarla a Estados Unidos.
Más
tarde, durante la 2ª República Española, se recoge, por primera
vez, la protección del patrimonio en una constitución española. El
artículo 45 dice lo siguiente: “Toda riqueza artística e
histórica del país, sea quien fuere su dueño, constituye el Tesoro
cultural de la nación y estará bajo la salvaguardia del Estado...El
Estado protegerá los lugares notables por su belleza natural o por
su reconocido valor artístico o histórico.” Este artículo
supondrá el control total del Estado hacia la administración de los
bienes culturales partiendo de la base del interés público hacia el
patrimonio al considerarse éste una herencia común y objeto de
disfrute público. Y la República dio un salto cualitativo en la
tutela del patrimonio declarando la cifra masiva sin precedentes de
897 monumentos a través del Decreto de 3 de junio de 1931: entre
éstos el castillo y el rollo jurisdiccional de Peñaranda.
En
la era ya del régimen franquista, se emprende unas obras de
rehabilitación, reforma y acondicionamiento del palacio de los de
Condes de Miranda y del castillo con el arquitecto Anselmo Arenillas
en la década de los 50 con unos discutibles criterios a nivel de
restauración. El hecho de mayor gravedad fue su proyecto de
construcción de un edificio destinado a una escuela de mandos de la
Sección Feminina de la Falange que supuso la destrucción parcial
del palacio. La parte desaparecida era un cuerpo en forma de U
adosado al palacio que contaba con una galería que daba a los
jardines traseros y una ala que prolongaba la fachada actual. Fue sin
lugar a dudas la pérdida más importante del patrimonio artístico
de Peñaranda en toda su historia que supuso la amputación de una
parte de la estética de la plaza.
Entre
1961 y 1963, el arquitecto Francisco Pons Sorolla, autor de casi
todas las actuaciones de reconstrucción y recuperación del
patrimonio histórico a nivel nacional durante el franquismo, dirigió
la ordenación de la plaza mayor y su entorno así como la
restauración por primera vez de la vieja arquitectura popular en
estos espacios con el fin de mejorar la armonía del conjunto. Si su
tendencia a convertir los núcleos históricos en un ambiente
“musealizado” puede generar controversia desde los criterios
actuales, su intervención en Peñaranda revitalizó completamente un
conjunto patrimonial en decadencia.
Y
como toda renovación de un núcleo histórico con valor artístico
llevada a cabo durante el franquismo, la obra de Pons Sorolla en
Peñaranda culminó con la declaración el 25 de abril de 1974 de
este municipio como Conjunto Histórico-Artístico. El otorgamiento
de este sello de calidad obedeció a la inclinación de los gobiernos
franquistas por oficializar los enclaves singulares y potenciar así
los recursos turísticos del país. Lo cierto, es que la recuperación
patrimonial de Peñaranda y su nombramiento posterior cambió desde
entonces la perspectiva de este pueblo situándolo en el mapa
turístico provincial.
Sin
embargo, el reconocimiento del valor artístico de nuestro conjunto
patrimonial no impidió en los años 70, 80 y 90 que parte del
caserío de dicho conjunto se viera alterado estéticamente de la
mano de sus propietarios privados. Se han reformado casas o
reconstruido otras en estado de ruina típicas de la arquitectura
popular peñarandina sin tratar de restituir o al menos imitar el
estilo que tuvieron anteriormente. A partir de ahí podríamos
preguntarnos: ¿Por qué se ha llegado a producir una alteración de la
estética de las casas del casco histórico de nuestro municipio a
pesar de su condición de Conjunto Histórico-Artístico?
En
primer lugar, en Peñaranda, al igual que en muchas localidades de la
comarca no ha habido entre el vecindario una sensibilización en
relación a este patrimonio. El deseo de preservarlo y protegerlo
debe surgir de una voluntad colectiva de auto reconocimiento
sociocultural y admiración por el mismo.
En
segundo lugar, nuestra arquitectura popular ha perdido su arraigo
también debido a los procesos de globalización así como los
cambios de los modos de vida. El desarrollo económico y la
revolución industrial de los 60 provocó en el medio rural el éxodo
rural masivo de sus gentes y una transformación sin precedentes de
sus procesos productivos. Y en el ámbito de la arquitectura, la
lógica de la construcción tradicional fue dejando paso a la lógica
de la construcción industrial.
Antes,
las edificaciones tradicionales se hacían con mortero de cal, barro,
madera y piedra, eran enteramente ecológicas y 100% respetuosas con
el medio ambiente. Estos materiales empleados en las construcciones
se extraían del entorno inmediato y al final de su vida útil se
desintegraban en el medio de forma natural y limpia. Las casas eran
construidas por sus propios habitantes o artesanos locales (canteros,
carpinteros, tejeros, herreros…) que recurrían a técnicas
constructivas y recursos estéticos resultantes de largos procesos
históricos.
En
cambio, actualmente se opta mayoritariamente por una forma de
construcción industrial donde predomina el empleo de una diversidad
de estructuras prefabricadas, materiales y equipamientos
estandarizados más funcionales que permiten edificar de forma menos
laboriosa y más rápida. Pese a ello, este modo de construir no
resulta nada beneficioso para la salud de los moradores de este tipo
de viviendas. Las edificaciones modernas con finas paredes y
cerramientos de cemento no transpiran y constan de tanto plástico
tóxico no auto-reciclable como sea necesario (puertas, ventanas,
impermeabilizantes, sistemas de aislamiento térmico y acústico,
etc.). La tendencia a cerrar herméticamente las casas deriva en el
uso de sistemas de ventilación automatizados también de plástico
tóxico.
En
el núcleo histórico de Peñaranda se encuentran ejemplos de casas
cuyas fachadas no corresponden a la tipología tradicional de las
fachadas antiguas del Conjunto Histórico. Éstas se han construido
de forma industrial sin ningún criterio estilístico y han
modificado una parte del paisaje que ofrecía el caserío. Además,
el cambio de modo de construir ha acarreado la vertiginosa pérdida
de los conocimientos y técnicas relacionados con los oficios
tradicionales de la construcción. Se debería impulsar la
recuperación de materiales, y sistemas tradicionales como ha
ocurrido en otros lugares de la Unión Europea. Ello contribuiría al
mantenimiento de este Patrimonio Inmaterial de los oficios y a la
conservación de la arquitectura tradicional como a la aplicación de
estas soluciones ecológicas en las nuevas construcciones.
Con
el fin de controlar la evolución urbanística del conjunto
histórico, evitar la alteración de su paisaje y por la tanto la
pérdida de su valor artístico, el ayuntamiento crea el 16 de mayo
de 2007, el Plan Especial de Protección del Casco Histórico (PECH)
para reforzar e impulsar su preservación. Mediante éste se elabora
una relación de 313 bienes inmuebles, espacios y bodegas catalogados
con un determinado nivel de protección teniendo en cuenta sus
características arquitectónicas y su pertenencia al declarado
Conjunto Histórico de la localidad. Este plan incluye además el
inventario de los 5 Bienes de Interés Cultural (BIC) de la
localidad. Uno de ellos la Botica recién nombrada el 20 de marzo de
2007. La paradoja es que el plan establece a su vez una relación de
otros 105 bienes inmuebles del núcleo histórico ya descatalogados
porque no tienen una tipología e interés tradicional. Este hecho
viene a justificar la afirmación anterior de que el conjunto
histórico de Peñaranda ha sufrido alteraciones. En el momento de la
elaboración del plan, un 25% de sus edificios ya no conservaban su
estética tradicional. Esto demuestra que la elaboración del PECH
era clave para la supervivencia del Conjunto Histórico. Hoy día, 13
años más tarde, habría que actualizar el inventario de bienes
descatalogados para medir la eficacia del mismo.
Tenemos
sin duda alguna que proteger cada vez más el patrimonio pero esta
consideración nos situa ante una paradoja. Si llevamos la protección
del patrimonio a su paroxismo corremos el riesgo de colocarlo en una
urna de cristal y perjudicar seriamente su pervivencia y futuro. No
puede ser que adoptemos un planteamiento “conservacionista” (la
teoría de mantener los edificios en su estado más original) con
toda clase de patrimonio: los principales monumentos públicos y
eclesiásticos y al mismo tiempo los bienes inmobiliarios privados.
Si queremos que el patrimonio de origen privado no caiga en ruina y
tenga un futuro las administraciones públicas no pueden ser tan
restrictivas con la iniciativa privada dispuesta a salvar los
edificios antiguos invirtiendo en proyectos que supondrán su
reaprovechamiento para la sociedad actual. Tiene que haber un
equilibrio entre la búsqueda de la preservación de la esencia
arquitectónica de estos edificios y la necesidad de adaptarlos al
nuevo modo de vida y a los nuevos usos. Hay que permitir en la
rehabilitación de estas edificaciones del pasado, un mínimo cambio
sensato en su interior, en su exterior o en su estructura y que este
añadido o modificación se corresponda con el estilo de la
arquitectura popular del lugar.
En
la mayor parte de los casos, sería conveniente abordar la
restauración del patrimonio en Peñaranda desde un planteamiento
“historicista” (teoría basada en la reinterpretación en estilo
para completar y mejorar la obra original) tal y como lo hiciera en
su día Pons Sorolla en nuestra localidad. Deberíamos aplicar esta
teoría sobre todo en la restauración de las casas privadas para que
los proyectos de rehabilitación se desarrollen con un margen de
actuación más amplio. Esto fomentaría desde luego la recuperación
de los núcleos históricos. Si no escogemos esta vía la iniciativa
privada seguirá optando por desarrollar nuevas construcciones más
allá del núcleo más protegido. Y por el contrario, el núcleo
urbano tradicional permanecerá sumido, como en Peñaranda, en un
inmovilismo que va derivando ya en el abandono y grave deterioro de
una parte de las casas del Conjunto Histórico.
Otra
de las razones de su situación actual es la inversión de mucha
consideración a efectuar en la rehabilitación de una casa
catalogada. A menudo esto nos hace caer en el círculo vicioso de
intentar desprendernos de este patrimonio tratando de especular con
la venta de un inmueble ubicado en un Conjunto Histórico. El
problema es que en la actualidad no existe en el mercado una demanda
dispuesta a absorber los costes tan elevados de la compra y
rehabilitación de este tipo de bien inmobiliario, de ahí aquí
también la situación de nuestro núcleo.
Por
este motivo, es necesario desarrollar en Peñaranda desde el
ayuntamiento un Plan de Recuperación y Mantenimiento del Patrimonio.
Para ponerlo en marcha es necesaria la creación de un Equipo de
Trabajo integrado por personas del ámbito civil sensibilizadas y
dispuestas a trabajar por la salvaguarda del patrimonio
arquitectónico de nuestro municipio. Este equipo tiene que ser
pilotado y supervisado por la Concejalía de Turismo y Patriminio.
Sus principales cometidos serían en primer lugar: establecer un
censo de los monumentos y de las casas del conjunto histórico en un
estado inicial o en un proceso ya avanzado de deterioro para prevenir
que dichas edificaciones se conviertan en futuras ruinas. En segundo
lugar: contactar con los propietarios de las casas detectadas para
averiguar si están predispuestos a rehabilitarlas y si necesitan una
ayuda económica para el tipo de obra a acometer. En tercer lugar: buscar la cooperación e implicación de las consejerías
autonómicas competentes en materia de Defensa del Patrimonio para
lograr recuperar y poner en valor el Patrimonio de Peñaranda
mediante un adecuado mantenimiento. Dada la magnitud de recursos
económicos que requiere la restauración del patrimonio público y
privado, la cuarta misión del Equipo de Trabajo sería: buscar la colaboración e implicación a su vez de actores e
instituciones como Diputación, SODEBUR y ADRI para la captación y
concesión de los fondos necesarios para la recuperación y
mantenimiento de nuestro Conjunto Histórico. Gran parte de éstos se
concederían en forma de incentivos a los propietarios privados
predispuestos a restaurar sus bienes inmobiliarios catalogados. Y
para reconocer la labor realizada por la propiedad privada en el
campo de la recuperación de la arquitectura popular, sería muy
acertada y apropiada la creación por parte de la Concejalía de
Turismo y Patrimonio de un Premio Anual a la mejor restauración o
construcción de un edificio al modo tradicional en Peñaranda.
Sin
embargo, el mantenimiento del patrimonio no consiste únicamente en
recuperarlo dedicándole recursos económicos sino que hay que
dotarlo de “vida” para que no vuelva a deteriorarse sobre todo en
el caso del patrimonio público. Y recuperar el pulso de estas
infraestructuras históricas públicas se consigue asignándolas una
nueva vocación para que lo bello y artístico tenga perspectivas de
futuro, una utilidad y podamos disfrutar todos de ello.
En
Peñaranda tenemos tres ejemplos de infraestructuras históricas
públicas en proceso de deterioro, necesitadas de una intervención
de envergadura, urgente en menor o mayor medida que pudiera llevarse
a cabo mediante el Plan de Mantenimiento del Patrimonio al que hemos
aludido anteriormente, para su salvación, recuperación y nuevo uso.
Está el caso de la denominada Casa de Artesanía en la calle Real
que con en torno a 300 metros cuadrados de superficie repartidos en
tres plantas podría albergar un museo dedicado a la puesta en valor
de la cultura y tradiciones de nuestro pueblo y la sede de nuestro
grupo de folklore local con sala de baile incluido. Este edificio
podría contener también un centro para la divulgación y promoción
de la artesanía local o servir de espacio de coworking para las
micro-empresas, autónomos y freelance locales (con despachos y salas
de reuniones habilitados). Las rentas generadas por las cuotas u
alquileres cobrados en el marco de esta actividad contribuirían a
financiar el mantenimiento de este inmueble: uno de los edificios más
emblemáticos del Conjunto Histórico.
El
ayuntamiento dispone a su vez de un lagar antiguo en la calle Tercios
con gran valor etnográfico dado que conserva todos sus elementos
característicos. Tras la completa rehabilitación de su estructura
y la restauración y puesta en valor de su contenido, este edificio
podría convertirse en el complemento ideal a las actuales visitas
enoturísticas organizadas por el ayuntamiento a la bodega
subterránea denominada “La carcel”. Y por lo tanto, se podría
incorporar este nuevo espacio museístico de carácter etnológico y
enológico a los paquetes turísticos organizados desde el
ayuntamiento que combinan distintas fórmulas de visita a los bienes
patrimoniales más destacados e interesantes de Peñaranda.
La
tercera infraestructura es un inmueble con gran valor etnográfico:
el antiguo matadero municipal situado junto al puente sobre el río
Arandilla en dirección hacia La Vid. La propia ciudadanía ha
planteado reciéntemente un proyecto para su rehabilitación y cambio
de uso para que se convierta en un espacio cultural para la juventud.
Dicho proyecto de rehabilitación propone y preeve la recuperación
de los muros de fábrica del edificio con la mampostería vista tanto
interiormente como exteriormente. Se pretende también dejar a la
vista sus elementos estructurales de madera para poner de realce más
si cabe el carácter tradicional de este edificio. Dado que la labor
pendiente del ayuntamiento en el campo de la recuperación del
patrimonio de Peñaranda es considerable y los recursos económicos
a dedicar a éste son ingentes, la mayor parte de los trabajos de
rehabilitación de este infraestructura destinada al ocio de la
juventud se harían a través de la implicación y participación de
la ciudadanía.
Otra
alternativa para el antiguo matadero sería atribuirle un uso
relacionado directamente con el Proyecto Ruta de los Molinos de Agua.
El conjunto de la Corporación municipal dio su apoyo institucional
el 14 de noviembre de 2019 para la realización de dicho proyecto
presentado por la Asociación Vecinal Virgen del Pino. Éste plantea
la recuperación de unos caminos rurales a orillas de los ríos Pilde
y Arandilla para crear una ruta de senderimo entre Peñaranda y el
barrio de Casanova que contribuiría a la puesta en valor de nuestro
bosque de ribera y el desarrollo del ecoturismo en la zona. El
antiguo matadero está integrado en el itinerario de esta ruta y se
le podría conferir un uso como Centro de Interpretación de la fauna
y flora del bosque de ribera y del patrimonio etnográfico ubicado en
la orilla de nuestros ríos.
Al
fin y al cabo, la puesta en valor del patrimonio tanto público como
privado a través de su restauración y además de su cambio de uso
en determinados casos, contribuirá a potenciar el atractivo
turístico de nuestro Conjunto Histórico y por lo tanto el
desarrollo del turismo patrimonial en nuestro municipio. Tenemos que
ser conscientes de que en los pueblos donde se restaura el patrimonio
se estimula y dopa la economía local. Los monumentos y el caserío
privado recuperados y puestos en valor de un Conjunto Histórico
permiten que reabran o florezcan nuevos comercios y servicios
orientados hacia el ocio de los turistas: hoteles, restaurantes,
panadería, cafetería y repostería, tiendas de souvenirs, tiendas
de productos gastronómicos y artesanales, galerías de arte y
antigüedades, un centro ecuestre etc., que se cree paulatinamente un
tejido de pequeños negocios. El medio rural de esta forma recobra
vida y crea su propia fuente de riqueza ya que se fomenta el empleo
con una industria como el turismo patrimonial que no es
deslocalizable y que posibilita el aumento del poder adquisitivo, la
calidad de vida y bienestar de sus habitantes.
Se
puede dar incluso la circunstancia que la restauración y el nuevo
uso enfocado al turismo patrimonial atribuido a tan solo un gran
monumento de un pueblo pueda por si solo suponer un cambio sin
precedentes en su economía y en la de sus localidades vecinas. Esto
podría suceder en Peñaranda con un gran complejo como el Palacio de
los Condes de Miranda.
Desgraciadamente,
desde hace una década, esta infraestructura propiedad de la JCYL,
está totalmente desaprovechada y no está cumpliendo una función
clave para la economía del pueblo cuando lo podría hacer. Su zona
contemporánea está inoperativa y en su zona noble se realizan
visitas turísticas en horario muy limitado y a muy pocas estancias
de la misma. Hay que subrayar igualmente que las visitas a la zona
noble se hacen solo para disfrutar del valor artístico de su
arquitectura dado que todos sus espacios están vacíos de contenido
y no están ambientados.
Es
absolutamente vital para Peñaranda que en pleno siglo XXI el
edificio más suntuoso de su Conjunto Histórico catalogado BIC
vuelva a desempeñar un papel fundamental para nuestra localidad tal
y como lo hiciera en su época de mayor esplendor: el Renacimiento,
cuando la actividad económica, social y cultural de la villa giraba
en torno al Palacio de los Condes de Miranda. La mejor forma de que
recupere su papel preponderante sería la conversión de todo el
complejo es decir tanto la zona contemporánea como la zona histórica
en un Parador de turismo para potenciar el turismo de calidad en la
localidad y redinamizar así su actividad económica y la de todo su
entorno.
Una
cadena hotelera pública de alto standing como lo es Paradores se
diferencia de cualquier otra cadena hotelera por la magnitud del
impacto de la instalación de un nuevo Parador en una zona rural. En
primer lugar, genera un efecto de atracción a otros tipos de
hoteles, a restaurantes y a servicios turísticos en general y a la
afluencia de turistas al destino donde el Parador se ubica. En una
palabra, esta marca emblemática de hotel colocaría a Peñaranda ya
no en el mapa turístico provincial o regional sino que la situaría
en un lugar privilegiado en el mapa turístico nacional. Con lo cual
el salto cualitativo no tendría comparación.
En
segundo lugar, otro aspecto a tomar en cuenta es que los Paradores
están dotados de equipamientos institucionales y culturales para la
difusión constante de las Artes (Pintura, Escultura, Música, Teatro
y otras disciplinas artísticas). Cada Parador cumple una función
museística ya que las 9.000 piezas de la colección artística de
esta cadena hotelera pública están repartidas en sus 97
establecimientos. En este sentido, el Palacio de los Condes de
Miranda ofrece unas instalaciones inmejorables para la celebración
de actividades culturales y exponer obras de arte. Nuestro complejo
palaciego dispone ya de antemano de un auditorio, aulas para
conferencias, sala de exposiciones y otras estancias que se podrían
convertir en espacios expositivos.
En
tercer lugar, la apertura de un Parador en Peñaranda generaría
además la creación de empleos directos e indirectos, el
asientamiento de nuevos habitantes y una demanda creciente por lo
tanto de la vivienda. Un hotel de estas características contribuiría
a implantar e impulsar en nuestra localidad un turismo de calidad,
fomentaría nuevas oportunidades laborales para acceder a puestos
cualificados del sector turístico. Las instituciones locales
entrarían a desarrollar de forma activa actuaciones formativas que
permitirían a sus habitantes superar con éxito el proceso de
selección de dichos puestos. La consecuencia de todo esto sería la
mejora de la renta per cápita de la población del entorno del
Parador con efectos directos en la aportación de nuevos servicios e
infraestructuras al municipio.
Los
Paradores instalados en el medio rural han actuado siempre como
auténticos catalizadores y motores para su desarrollo económico.
Ahí tenemos el ejemplo cercano del único Parador abierto en la
provincia en 2003 en Lerma que transformó por completo la vida de
este pueblo. Por este motivo, el actual partido gobernante en el
ayuntamiento de Peñaranda no debería desaprovechar la oportunidad
de sugerir a la JCYL que se explore las posibilidades de conversión
de todo el complejo palaciego en un Parador de turismo. Y lo debería
hacer antes de que esta institución resuelva sobre el futuro de esta
infraestructura. Tenemos que ser conscientes de que merece la pena
intentarlo. Si lograramos despertar el interés de esta prestigiosa
cadena hotelera para el desarrollo de un proyecto de Parador por
primera vez en la Ribera del Duero, esto nos propulsaría y
convertiría probablemente en unos de los destinos más atractivos a
nivel turístico de la comarca.
No
obstante, la consecución de un proyecto de este tipo no nos debería
conformar. El gran reto para Peñaranda y para el indispensable
equipo de trabajo dedicado a la preservación del patrimonio, tiene
que ser la recuperación y puesta en valor de todo las clases de
patrimonio edificado del que consta el núcleo histórico y el
embellecimiento de sus calles y fachadas. De este modo, nos
convertiremos realmente en el pueblo más atractivo y bello de la
Ribera del Duero.
Todos
los edificios, espacios públicos y calles del casco histórico de
Peñaranda tienen que ser un gran escaparate y un museo a cielo
abierto. Antes de que los visitantes admiren nuestros monumentos y el
valor de su contenido tienen que sorprenderse y admirar la belleza
también del estuche de estas joyas es decir el caserío. Todos los
bienes acumulados dentro del Conjunto Histórico a lo largo del
tiempo por nuestras generaciones anteriores que constituyen el
patrimonio histórico, artístico y etnográfico más valioso de
Peñaranda son merecedores de su conservación y transmisión a las
generaciones futuras. Por lo tanto, los peñarandinos y la sociedad
en general tenemos el deber moral de preservar y mantener la riqueza
patrimonial de este municipio. El patrimonio nos recuerda
permanentemente nuestra Historia ya que las piedras “hablan” y
representan la memoria colectiva y el alma de un pueblo. Es por ello
que tenemos que ser más conscientes de la enorme importancia de
nuestro patrimonio vernáculo y sentirnos orgullosos de éste.
Y
como decía Victor Hugo en su panfleto Guerra a los demoledores
(publicado en 1832): “Existen dos cosas en un edificio: su uso y su
belleza. Su uso pertenece al propietario, su belleza a todo el mundo,
a usted, a mí y a todos nosotros juntos. Por lo tanto, destruirle es
sobrepasar su derecho.” A modo de conclusión, lo que viene a decir
el gran escritor francés es que la belleza del patrimonio pertenece
tanto a su propietario como a todos nosotros y que todos somos
colectivamente depositarios de la misma. Victor Hugo fue el gran
precursor de la defensa y conservación del patrimonio arquitectónico
en Francia en el siglo XIX que sitúa al poder gubernamental ante sus
responsabilidades en este campo y denuncia de forma muy dura la
pasividad e ineficacia de la burocracia y de las instituciones
administrativas en dicha materia. Éstas que llegan demasiado tarde
cuando los edificios están ya en un estado deplorable de ruina.
Javier
Sánchez